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¿Las pantallas atontan a los niños? Lo que dicen los estudios

Un estudio finlandés tranquiliza y una revisión sobre casi 3 millones de niños preocupa. Lo que dicen de verdad los estudios sobre pantallas y cerebro.

Publicado el 5 de octubre de 2026 11 min de lectura

Escrito por Nicolas Carrion creador de pourquoi.app

A finales de agosto de 2026, un estudio finlandés salió en todos los periódicos: los niños que pasaban más tiempo delante de las pantallas sacaban, ya adolescentes, mejores resultados en pruebas de memoria y de atención. A finales de septiembre, una gran revisión de estudios publicada en la revista médica JAMA Pediatrics decía casi lo contrario: más pantallas, peores resultados.

Entonces, ¿las pantallas atontan a los niños, o los hacen más listos? Ni lo uno ni lo otro. Y leyendo estos dos trabajos de cerca se entiende por qué.

En resumen: el estudio finlandés y la revisión de JAMA Pediatrics parecen contradecirse, pero los dos miden asociaciones, no causas, y esas asociaciones son muy débiles. Ninguno de los dos sabe qué hacían los niños con sus pantallas.

Sobre las pantallas y el cerebro de los niños, lo que dice sobre todo la investigación es que el número de horas, por sí solo, cuenta poco. Cuenta el contenido, cuenta el momento y, más todavía, lo que la pantalla les quita: horas de sueño, de movimiento, de conversación.

Así que la pregunta que hay que hacerse no es «¿cuántas horas?», sino «¿en lugar de qué?».

Una aclaración: no soy investigador, y cada estudio citado aquí enlaza a su fuente. También desarrollo pourquoi.app, una app sobre cómo usamos el móvil, así que en este tema no soy neutral. Hablo de ella al final, brevemente.

El estudio finlandés frente a la revisión de JAMA Pediatrics: dos respuestas opuestas

El primer estudio viene de la Universidad de Jyväskylä, en Finlandia, y se publicó en agosto de 2026 en la revista Pediatric Exercise Science. Sus investigadores siguieron a 260 niños durante ocho años: al principio tenían de 7 a 9 años; al final, de 15 a 17. Los que pasaban más tiempo delante de las pantallas (tele, ordenador, videojuegos, móvil) sacaban, de adolescentes, puntuaciones algo mejores en pruebas de memoria y de atención. La asociación se mantiene incluso al comparar niños que partían del mismo punto y cuyos padres tenían el mismo nivel de estudios. Los propios autores hablan de un efecto «modesto».

Hay dos detalles que importan. Las primeras mediciones son de 2007 a 2009, mucho antes de TikTok y de los vídeos cortos. Y el tiempo de pantalla salía de un cuestionario que sumaba todos los usos: no se sabe qué hacían de verdad los niños. Petri Jalanko, que dirigió el estudio, lo dice él mismo: lo esencial es lo que hacen durante ese tiempo.

La revisión de JAMA Pediatrics es de otra escala. Se publicó a finales de septiembre de 2026 en esta revista médica estadounidense dedicada a la infancia. Un equipo dirigido por Sheri Madigan, de la Universidad de Calgary, en Canadá, reunió 23 metaanálisis. Un metaanálisis es un estudio que agrupa los resultados de muchos otros estudios sobre la misma cuestión. En total: casi 3 millones de niños y adolescentes, de 64 países. Su conclusión: más tiempo de pantalla se asocia a resultados algo peores en varios ámbitos, como el aprendizaje, el lenguaje, el comportamiento o la gestión de las emociones.

La prensa tituló primero en un sentido y luego en el contrario. Si tienes hijos, como para no hacerse un lío.

Por qué estos dos estudios, en realidad, no se contradicen

El estudio finlandés y la revisión de Sheri Madigan tienen tres cosas en común, y eso lo cambia todo.

Es correlación, no causalidad. Un ejemplo para ver la diferencia: los niños que tienen muchos libros en casa suelen sacar mejores notas. Las notas no salen de los libros que hay en la estantería. Salen de familias en las que se lee, se habla y hay tiempo. Con las pantallas pasa lo mismo, y la relación puede ir incluso en el otro sentido: un niño al que le cuesta el colegio puede refugiarse más en una pantalla. Sheri Madigan lo reconoce: sus resultados no demuestran que las pantallas causen esas dificultades.

Los efectos son minúsculos. Tatiana Íñiguez Berrozpe, socióloga de la Universidad de Zaragoza, comentó la revisión de JAMA Pediatrics. Para ella, la asociación existe, pero es muy débil: el tiempo de pantalla explicaría alrededor del 1 % de las diferencias entre unos niños y otros. Dicho de otro modo, cuando a un niño le va mejor que a otro, se debe casi por completo a otras cosas. En el estudio finlandés, el efecto también es pequeño.

Ninguno de los dos sabe qué hacían los niños con sus pantallas. Sobre la revisión de JAMA Pediatrics, Esther van Sluijs, de la Universidad de Loughborough, en Inglaterra, señala que no había datos suficientes para distinguir entre redes sociales, juegos o vídeos. Y una hora construyendo un mundo en un videojuego, una hora de videollamada con la abuela y una hora de vídeos uno detrás de otro no son la misma hora.

Una madre y su hijo, mando en mano, juegan juntos a un videojuego en el sofá del salón
Una hora jugando juntos no es una hora de vídeos uno detrás de otro.

En el fondo, el estudio finlandés y la revisión canadiense dicen lo mismo con palabras distintas: el tiempo de pantalla, por sí solo, explica muy poco.

Pantallas y cerebro de los niños: lo que muestran los grandes estudios

El debate no nació este otoño. En España cobró fuerza en 2020, cuando se publicó la traducción de La fábrica de cretinos digitales (Península), del neurocientífico francés Michel Desmurget. Su argumento más sólido tiene que ver con el tiempo: cada hora de pantalla se le quita a otra cosa, al sueño, a la lectura, al juego, a las conversaciones con los adultos. También sostiene que las pantallas hacen bajar el coeficiente intelectual (CI), y eso nadie lo ha demostrado. Allí donde el CI baja de verdad, en Noruega, los investigadores apuntan a causas ambientales, sin poder decir cuáles. Sus datos salen de las pruebas del servicio militar obligatorio, y por eso solo cubren a hombres: las puntuaciones bajan entre los nacidos después de 1975.

Desde entonces, varios grandes estudios han intentado aclararlo.

En Francia, el estudio Elfe. Es un gran estudio francés que sigue a más de 18.000 niños nacidos en Francia en 2011. Con casi 14.000 de ellos, de los 2 a los 5 años y medio, sus investigadores vieron que más horas de pantalla se asociaban a puntuaciones de desarrollo algo más bajas (lenguaje, motricidad fina, autonomía), pero que esa asociación pasaba a ser débil al comparar familias con costumbres parecidas. Lo que sí pesaba era el contexto: a los 2 años, el 41 % de los niños tenía la tele encendida durante las comidas, y eso se asociaba a puntuaciones más bajas en lenguaje.

En Estados Unidos, el estudio ABCD. Es un gran estudio que sigue a niños estadounidenses. Investigadores del Instituto Karolinska, en Suecia, y de la Universidad Libre de Ámsterdam estudiaron a casi 10.000 de esos niños, de 9 y 10 años, y volvieron a evaluar a más de 5.000 de ellos dos años después. Tuvieron en cuenta su predisposición genética y su entorno social. Los que jugaban a videojuegos más que la media ganaron unos 2,5 puntos de CI más que los demás. Para situarlo: el CI medio es 100, y dos de cada tres personas están entre 85 y 115. Es una diferencia real, pero pequeña. El tiempo dedicado a comunicarse por internet (mensajes, redes sociales, videollamadas) no se asociaba ni a una subida ni a una bajada clara del CI. Los autores aclaran que no midieron ni el sueño, ni la actividad física, ni los resultados escolares.

Tatiana Íñiguez Berrozpe lo resume a propósito de la revisión de JAMA Pediatrics: importa menos cuántas horas se usa un dispositivo que cuál se usa, para qué, con quién y en qué etapa del desarrollo.

Estudio Lo que muestra Lo que no muestra
Finlandia, 2026: 260 niños seguidos durante 8 años Más pantallas en la infancia, puntuaciones algo mejores en la adolescencia Ni qué hacían los niños, ni el efecto de las pantallas de hoy
JAMA Pediatrics, 2026: casi 3 millones de niños de 64 países Más pantallas, resultados algo peores (aprendizaje, lenguaje, emociones) Ni una causa, ni el efecto de las redes, los juegos o los vídeos por separado
Elfe, 2023: casi 14.000 niños de 2 a 5 años y medio La tele encendida durante las comidas se asocia a un lenguaje menos desarrollado Que las horas de pantalla pesen mucho cuando se comparan familias con costumbres parecidas
ABCD, 2022: casi 10.000 niños de 9 y 10 años, seguidos 2 años Jugar a videojuegos se asocia a una ligera subida del CI; comunicarse por internet, a ningún cambio claro Ni el tipo de juego, ni una relación de causa y efecto

3 preguntas que hacerle a cualquier estudio sobre pantallas

La próxima vez que un titular te preocupe o te tranquilice, bastan tres preguntas para saber cuánto vale.

  1. ¿Es una causa o una simple correlación? «Asociado a», «relacionado con», «va de la mano de»: es una correlación. Para demostrar una causa hace falta un experimento: se cambia el uso de un grupo y no el de otro. Y esos experimentos son escasos.
  2. ¿El efecto es grande o minúsculo? Un resultado puede ser real y no cambiar casi nada en la vida de un niño. Busca las palabras «débil» o «modesto», o una cifra como el 1 % del que hablaba antes.
  3. ¿De qué uso se habla, y en lugar de qué? Tele encendida de fondo, videojuego, videollamada, vídeos uno detrás de otro por la noche: si el estudio lo mete todo en el mismo saco, no puede decir gran cosa de tu caso.

La pregunta de verdad: ¿en lugar de qué?

Hay un punto en el que casi todo el mundo está de acuerdo, desde Michel Desmurget hasta Sheri Madigan. Para Sheri Madigan, la tecnología no es mala en sí misma, pero puede ocupar el lugar de lo que los niños necesitan para crecer: el sueño, la actividad física, la relación con los demás.

El sueño es, además, uno de los pocos efectos sobre los que hay consenso, junto con el sedentarismo y la vista, según la comisión de expertos que convocó el presidente francés en 2024, que sobre el desarrollo del cerebro concluyó que hay que seguir investigando. La pantalla de la noche no vuelve tonto a nadie. Acorta la noche, y lo que cuenta es la noche.

Pautas para padres

En lugar de un cronómetro, fíjate en lo que la pantalla le está quitando a tu hijo:

  • Por la noche: ¿le quita horas de sueño?
  • En las comidas: ¿la tele o el móvil ocupan el sitio de la conversación? El estudio Elfe lo midió a los 2 años, pero a cualquier edad una comida sin pantallas deja sitio para hablar.
  • El juego y las salidas: ¿le queda tiempo para moverse, aburrirse, jugar con otros?
  • Tu propio móvil: los niños también ven cómo lo usas tú.

Para las edades, en España la referencia es la Asociación Española de Pediatría (AEP), que actualizó sus recomendaciones en diciembre de 2024 dentro de su Plan Digital Familiar:

  • De 0 a 6 años: evitar las pantallas, porque «no hay un tiempo seguro». La excepción son las videollamadas con familiares y amigos, con un adulto al lado.
  • De 7 a 12 años: menos de una hora al día, contando el tiempo escolar y los deberes. Y retrasar las redes sociales.
  • De 13 a 16 años: menos de dos horas al día, también con el tiempo escolar y los deberes incluidos. Mejor un móvil sin internet, y retrasar el primer smartphone y las redes sociales.

El comité de 50 expertos que reunió el Ministerio de Juventud e Infancia propuso algo parecido en diciembre de 2024: ninguna pantalla antes de los 3 años y, hasta los 16, mejor móviles sin internet, retrasando «lo máximo posible» el primer smartphone.

Son pautas de precaución: ninguno de los estudios de este artículo permite fijar un umbral exacto en horas. Si la noche, las comidas y el juego conservan su sitio, la cifra exacta pesa mucho menos. El artículo sobre la prohibición del móvil en el colegio hace la misma criba con los estudios sobre los colegios, y habla también del móvil de los padres.

Y tú, ¿decides cuándo abrir el móvil?

Queda la última pauta: tu propio móvil. Para nosotros, los adultos, la pregunta no es si nos vuelve menos inteligentes. Es otra: ¿he decidido yo abrirlo?

Ver un documental porque te apetecía, llamar a un amigo, buscar cómo llegar a un sitio: lo has decidido tú. Abrir Instagram en una cola sin pensarlo y levantar la vista veinte minutos después: no tanto. En tu tiempo de pantalla, los dos cuentan igual. Y no tienen nada que ver.

Para distinguirlos no hace falta sentirse culpable. Durante unos días, apunta simplemente, en un papel o en el móvil, si sabías por qué abrías una app. El artículo siete días para saber adónde va tu tiempo de pantalla detalla el método día a día.

Aquí es donde vuelvo a pourquoi.app, la app que desarrollo. Pourquoi significa «por qué» en francés, y eso es justo lo que hace: se instala en tu propio móvil, el del adulto, no en el de tu hijo, y cuando abres una de las apps que has elegido te pregunta «¿por qué ahora?». Seis respuestas posibles: «Comunicarme», «Buscar», «Trabajar», «Divertirme», «Sin motivo», «Otro». Después, entras en la app que ibas a abrir o la cierras. No bloquea nada ni vigila a nadie: tus respuestas se quedan en tu móvil. Un adolescente puede instalarla en su propio móvil si lo decide él, y sus padres no ven nada de lo que responde. La pregunta es gratis; los precios de Premium están en la página principal. Ningún estudio ha evaluado pourquoi.app en sí, y no te dirá nada de tu CI. Configurarla lleva unos minutos: guía para iPhone, guía para Android.

Preguntas frecuentes

¿Las pantallas vuelven tontos a los niños?

Nada lo demuestra. Los grandes estudios encuentran asociaciones muy débiles entre el tiempo de pantalla y los resultados de los niños, en un sentido y en el otro, y ninguno demuestra que las pantallas sean la causa. El contenido, el momento y lo que la pantalla les quita (sueño, movimiento, conversación) cuentan más que el número de horas.

¿Qué dice el estudio de JAMA Pediatrics de 2026 sobre las pantallas?

Publicada a finales de septiembre de 2026 por un equipo de la Universidad de Calgary, esta revisión reúne 23 metaanálisis sobre casi 3 millones de niños y adolescentes de 64 países. Según ella, más tiempo de pantalla se asocia a resultados algo peores en aprendizaje, lenguaje y gestión de las emociones. La asociación es muy débil, no demuestra que las pantallas sean la causa, y la revisión no distingue los tipos de uso.

¿Los videojuegos hacen más inteligentes a los niños?

Un estudio con niños de Estados Unidos siguió a más de 5.000 durante dos años: los que jugaban más que la media ganaron unos 2,5 puntos de CI más que los demás, una diferencia real pero pequeña. Es una asociación, no una prueba, y el estudio no distinguía los tipos de juego. Sobre todo muestra que no todos los usos de las pantallas valen lo mismo.

¿Baja el CI por culpa de las pantallas?

Nadie lo ha demostrado. En Noruega, las puntuaciones de CI bajan entre los hombres nacidos después de 1975, cuando llevaban décadas subiendo. Solo se habla de hombres porque los datos salen de las pruebas del servicio militar obligatorio. Los investigadores apuntan a causas ambientales, sin poder decir cuáles.

¿A partir de qué edad pueden usar pantallas los niños?

En España, la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda evitar las pantallas hasta los 6 años, salvo las videollamadas con familiares y amigos. De 7 a 12 años, menos de una hora al día, y de 13 a 16, menos de dos horas, contando en los dos casos el tiempo escolar y los deberes. También aconseja dar prioridad a un móvil sin internet y retrasar el primer smartphone y las redes sociales.

Quién escribe aquí

Soy Nicolas Carrion, y he diseñado y desarrollado pourquoi.app, una app sobre nuestra relación con el móvil. No soy investigador ni médico: cada estudio y cada cifra de este artículo enlaza a su fuente, y todas se comprobaron entre el 4 y el 5 de octubre de 2026. Mi trayectoria y las formas de contactarme están en la página sobre nosotros.

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